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La educación superior en Colombia está atravesando unas dificultades innegables. Esta afirmación aplica tanto para las instituciones de educación superior públicas como para las privadas, pero dada la extensión pretendida para el artículo, en esta oportunidad nos concentraremos en los grandes desafíos de sostenibilidad financiera que está encarando la educación superior privada.
A los cambios evidenciados desde hace unos años en los aspectos demográficos (inversión de la pirámide poblacional, menos nacimientos por hogar), etc., se suman factores como el cambio de preferencias del público natural y tradicional (jóvenes entre 16 y 22 años) cuando se trata de elegir por la educación postsecundaria.
Cada vez más jóvenes prefieren estudiar programas de formación de corto plazo, que certifiquen competencias específicas y habiliten al estudiante para hacer uso de las mismas en el mercado laboral, lo cual ha hecho que la demanda por la educación superior tradicional, venga decayendo de manera sistemática.
Semestre a semestre se hace más difícil completar los grupos y ocupar las aulas, quedando una capacidad instalada cada vez más ociosa. Sin embargo, persisten los altos costos de sostener dicha infraestructura, en rubros representativos como el impuesto predial, seguros, servicios públicos, vigilancia, mantenimiento preventivo y correctivo, etc. Y al ser edificios inmersos en un campus, tienen pocos usos alternativos.
Como si esto fuera poco, el mayor financiador de matrículas de los aspirantes a las IES privadas en Colombia, el ICETEX, cada vez intenta trasladar más y más costos de financiación a dichas instituciones. Hace unos años les transfirió parte del costo de no pago (conocido como costo de default) y, con el artículo 95 de la última Reforma Tributaria (Ley 2277 de 2022) pretendió transferirles parte de los costos financieros. Aunque dicho artículo fue derogado por inconstitucionalidad, ahora el ICETEX le pide a las IES que concurran de manera “voluntaria”, sumando más y más costos a sus estructuras.
Así las cosas, la actividad económica en las Instituciones de Educación superior privadas es cada vez más desafiante. Unos ingresos decrecientes y unos costos y gastos sistemáticamente crecientes, lo cual hace que se disminuyan progresivamente los excedentes (si es que el ejercicio aún da lugar a ellos) y que desaparezcan las posibilidades de inversión en su propio objeto social.
Ante este panorama, ¿qué opciones tienen en este momento, las IES privadas del país?
Estas podrían ser algunas de las salidas, no excluyentes, para garantizar su sostenibilidad:
- Gestionar su portafolio académico con rapidez, ofertando programas claramente más pertinentes y ajustados a la demanda actual.
- Alivianar sus estructuras de costos y gastos, eliminando todo gasto que pudiese considerarse superfluo, o que no tenga una relación directa con la calidad percibida por el estudiante.
- Implementar sistemas de costeo formales, bien definidos, que apoyen la toma de decisiones responsable.
- Enfocar la actividad investigativa en función únicamente de lo que se ha hecho muy bien y haya arrojado resultados destacados.
- Buscar mecanismos de fusión/absorción, para optimizar costos y gastos académicos y administrativos.
- Concentrarse en un solo nicho, dando lugar únicamente a aquella(s) áreas del conocimiento donde han demostrado tener ventajas competitivas sostenibles.
- Desinvertir en activos fijos improductivos
Tristemente, aunque seguramente con excepciones, la cultura organizacional de las IES se caracteriza por ser soberbia y lenta para reaccionar, por lo que quizás el primer paso para lograr no desaparecer en unos pocos años, es la intervención de la cultura institucional. Y para que las intervenciones culturales sean efectivas, recomendable dejar a un lado la endogamia y propiciar conversaciones potentes, sinceras y constructivas con interlocutores tanto internos como externos a los claustros. Sólo a partir de una verdadera y humilde disposición y de unos análisis responsables, se pueden enfrentar exitosamente semejantes desafíos.



